El nuevo parche nada milagroso del gobierno

Los últimos días pasó de refilón el nuevo parche que realizó el Gobierno para incentivar los planes de pensiones privados. El parche consiste en poder retirar el dinero pasados diez años y bajar ligeramente las comisiones de quienes gestionan los fondos; es decir, no hay ningún milagro.

España tiene una larga tradición en los que los gobiernos de turno promuevan los planes de pensiones privados. No olvidemos que en el año 1995, aunque ya pille lejos, el gobierno socialista pedía a los ciudadanos que metieran sus ahorros en planes de pensiones. Sin embargo, el sistema falla no sólo en nuestro país, sino en toda Europa.

El problema radica en que los políticos tienen miedo de abrir un melón necesario. Obviamente, no es un problema fácil de resolver ni mucho menos, pero quieran verlo o no ahí está. El sistema que tenemos antes se mantenía porque había cuatro personas trabajando por cada jubilado, ahora la diferencia se ha reducido a la mitad. Un sistema planteado bajo unas condiciones es imposible que se sostenga por magia si las variables cambian.

Las pensiones: una pelota que pasa de legislatura en legislatura

Vemos, al igual que en un partido de tenis, como los partidos se lanzan la pelota de las pensiones de unos a otros. Está muy bien que cumplan con su papel de víctimas, pero es necesario que se pongan de acuerdo en algo de tanta importancia para todos los españoles. Y, si es necesario, exigir algún incentivo se puede plantear.

Pongamos como ejemplo la legislatura anterior: no se llegó a ningún consenso para formar gobierno. Sin embargo, a los partidos políticos, incluidos los nuevos como Podemos y Ciudadanos, les faltó tiempo para repartirse el dinero entre ellos mismos y financiarse tranquilamente. ¿Qué pasaría si no pudieran repartirse el dinero entre ellos hasta que no garanticen un sistema de pensiones público y sostenible?¿Por qué para unos temas se ponen de acuerdo y para otros no? ¿Qué extraña regla siguen los políticos? Quien consiga comprender el comportamiento de estos, merece un Nobel. Las pensiones no son un asunto baladí; por tanto, debería ser tratado con el respeto que se merece.

Los parches no valen, ni las culpas mutuas; los españoles nos merecemos unas pensiones dignas. ¿Qué sentido tiene trabajar toda la vida si luego no se puede garantizar una pensión pública? Y, con respecto a los planes de pensiones privados, si nos quieren forzar a ello (ya que son incapaces de garantizarlo en lo público) que se garantice el depósito como mínimo y que los políticos sean los primeros en dar ejemplo.