La figura del becario está en la voz de todos a día de hoy

Becario. Para todos aquellos jóvenes que acaban la universidad, no les resulta extraño oír hablar de esta palabra. Tanto para bien como para mal, es la primera vía que tenemos para poder hacernos hueco en la vida laboral.

Aquí vamos a ver qué es lo que es en realidad y qué es lo que debería ser la figura del becario.

Lo que es

Uno pretende entrar en una empresa y comenzar a trabajar de primeras. Obviamente se requiere de un aprendizaje previo. Todo eso está genial.

Las tornas cambian cuando a la hora de tratar de incorporarse como trabajador ordinario, y no ya como estudiante en prácticas o recién graduado. Ahí es dónde nos encontramos con un agujero negro muy conocido por todos: la experiencia.

Y sí, amigos. Por raro que parezca, siempre la experiencia está en boca de los que tienen la voz cantante y el poder de decidir si entras o no en una empresa.

Que resulta que llevas meses en la empresa, pues haremos todo lo posible por contratarte: igual hay “suerte” y te podremos hacer un contrato nada acorde a tus cualificaciones o directamente lo que verás será la puerta de salida.

Pero la gracia está cuándo sales de la empresa en que te has formado, en principio, y pretendes buscar otra cosa. La falta de experiencia te cerrará las puertas, a no ser que decidas entrar de becario en otra entidad.

Y así sigue la rueda. Es decir, que si no tienes experiencia no te contratan y como nadie te da la oportunidad, salvo que tu amigo el “enchufe” te eche un cable, seguirás de becario hasta que aceptes algún puesto con el cual es imposible sostenerse económicamente si no es con otra persona o con ayuda familiar. ¡Maravilloso!

Lo que debería ser

Se entiende que no puedes entrar así como así, sin conocimientos, a un puesto de responsabilidad. Es preciso una formación adicional a la que puedes aprender en la universidad o en la escuela que te haya formado.

Lo razonable sería, siempre en términos de que existe remuneración justa al puesto desempeñado, que poco a poco puedas ir ascendiendo, pero sin tener que subsistir con ayuda familiar u de otro tipo.

Y siempre que la ayuda económica que te otorga la empresa no suponga una excusa para explotarte hasta el extremo.

Se puede aprender perfectamente sin estar haciendo horas extra que, sin duda, nadie te remunerará ni agradecerá. La cultura del presencialismo y el peloteo mata.

Conclusión

Creo que no es muy difícil entender que la situación de los jóvenes hoy en día en España no es la idónea.

El problema radica en los dos extremos:

  • Por un lado, la vertiente empresarial que se aprovecha hasta la saciedad de la necesidad económica y de adquirir experiencia de los jóvenes.
  • Por otro lado, todos aquellos que aceptamos condiciones insanas por desesperación, en vez de evitar que se aprovechen de nosotros.

Pero claro, la respuesta de las empresas es firme: si no lo quieres tú, alguien si lo querrá.

Espero que las cosas puedan cambiar, empezando por una gran modificación del sistema educativo, que permita no salir de las escuelas y universidades sin ningún tipo de conocimiento práctico que derive en lo anterior.

Mientras esto no cambie, seguiremos siendo becarios o trabajadores sobrecualificados hasta el fin de los tiempos.

Como diría mi padre: “oposita, hijo”. Pero ese será otro artículo.