Montserrat Caballé, la osadía personificada

Perdemos la ligera y frágil, pero inmensa voz de Montserrat Caballé. Sus cualidades vocales ya han sido sobradamente alabadas por muchos artículos: no venimos a reiterarlo. Tampoco escribiré sobre su vida de forma exhaustiva.

Prefiero homenajear su carrera señalando que llegó tan alto por una cualidad personal reflejada asimismo en su actividad musical: osadía.

La aguerrida Caballé y su trayectoria vital

Caballé ha perdido la batalla contra la enfermedad, a los 85 años, pero no sin haberse enfrentado a la vida con gran atrevimiento y desparpajo.

Nació en 1933 en el seno de una familia humilde. No sólo tuvo que superar el hambre. Montserrat también tuvo que superarse a sí misma para dedicarse al canto y, gracias a ello, poder salir de las difíciles circunstancias económicas. Tal vez esas vivencias tempranas provocaron su avidez por el dinero: recordemos que hace pocos años fue juzgada por defraudar a Hacienda…

Pero bueno, aunque eso no es justificable, es “otro cantar”. Sigamos con su vida anterior.

Antes de llegar a la fama internacional —con tan sólo 33 años— ya se dedicaba a cantar “a troche y moche”. Ávida de más música en su vida, la soprano se casó en 1964 con el tenor Bernabé Martí. 

Soprano y tenor juntos, podemos imaginar que su “nidito de amor” sería también un nido musical y que sus dos “polluelos” cantarían ya antes de hablar. 

De hecho, actualmente Montserrat Caballé Jr. (la hija) es soprano profesional, portadora así del legado y renombre de Montserrat Caballé (la difunta madre soprano).

El ascenso a la cima

La fama internacional alcanzó a Montserrat Caballé cuando, a los 33 años, reemplazó a Marilyn Monroe en una suerte de representación de la ópera Lucrezia Borgia, del compositor Donizetti, en el prestigioso “New York’s Carnegie Hall”.

La sustitución que Caballé hizo en tal ópera, un buen día de 1965, le valió una ovación de 25 minutos por parte del público asistente. No está mal, ¿verdad? No es de extrañar que, desde entonces, el nombre de Montserrat Caballé fuera algo más conocido internacionalmente.

Caballé y su desparpajo: coser leer y cantar

Todo lo anterior refleja en gran medida la osadía en la personalidad de la soprano. Su lucha la llevó desde lo más bajo hasta lo más alto y, de paso, continuando la tradición musical en su familia al lado de Bernabé Martí.

Ahora, ¿qué hay de lo que prometí? Ya sé, ya sé; dije que escribiría del ámbito musical profesional. Vale, ahí va.

Para Montserrat Caballé, quien le había “echado ovarios” a la vida desde niña, los escenarios no iban a ser menos.

Dicho claramente: la difunta soprano hacía lo que quería. Desde salir a cantar sin ensayo previo, hasta grabar con Freddie Mercury un álbum de “ópera-pop”.

Ella cantaba según leía las partituras como quien lee un libro en voz alta. Esta capacidad, esencial para la formación profesional de un músico, se llama lectura a primera vista. No sólo ella, sino que cualquier buen músico la tiene bien desarrollada. 

El caso es que, aunque tal capacidad de “canto rápido” refleje una sólida base de formación musical, ningún solista acostumbra tocar en concierto sin ensayar bien. 

Imagina que, no tocas la viola en segunda fila de la orquesta, eres el solista. ¿Actuarías sin ensayar? 

La soprano, a veces, el mismo día de estreno leía la partitura mientras la cantaba sin previo ensayo. En alguna obra daba la impresión de no conocer bien su papel, porque se dedicaba sólo a leer la partitura y cantar.  Así lo aseguran entendidos como el saxofonista Ralph Moore, el crítico musical Martin Bernheimer o los escritores Richard Arsenti y Robert Letellier.

 

Siempre recordaremos la gran osadía, tanto vital como musical, de la soprano Montserrat Caballé.