Alfonso Zapico (Balada del norte, Café Budapest) ejerce de periodista gráfico para mostrarnos el encuentro entre Eduardo Madina (ex secretario general del PSOE y víctima de ETA) y Fermín Muguruza (cantante de Kortatu y Negu Gorriak). Dos personas con una trayectoria muy diferente, y sin embargo hijos de una misma tierra.

Cuando pensamos en lo extraordinario, pensamos siempre con grandilocuencia. Nuestra mente divaga hacia la naturaleza, la construcción de las pirámides y los grandes logros de la humanidad. Somos, por definición, paisajísticos, y por esta razón a menudo se nos escapa lo pequeño, lo humano. Lo extraordinario puede ser una conversación en una cocina, o una comida entre amigos

Quiero creer que algo parecido pensaría Alfonso Zapico, mientras asistía a la conversación de dos personas: Eduardo Madina y Fermín Muguruza. El primero, antiguo secretario general del PSOE y víctima de una bomba lapa que le dejó sin pierna cuando sólo contaba 26 años. El segundo, cantante del mítico Kortatu y Negu Gorriak, cuyos múltiples viajes le han servido para convencerse aún más del derecho de los pueblos a autodeterminarse.

Una conversación fruto de una Euskadi compleja, en la que todos los jóvenes escuchaban Kortatu, fueran independentistas o no. Una conversación que hace 10 años no hubiese sido posible, y que evidencia una Euskadi en la que las cuerdas se han destensado y la violencia queda un poco más lejos a cada día que pasa.

Conocer el pasado para valorar el presente: una Euskadi que deja atrás la violencia

Zapico hace un gran esfuerzo para acercarnos a la Euskadi de esos años, cuando Edu Madina veía los andamios del Guggenheim desde la universidad de Deusto. El autor se remonta hasta los abuelos de ambos para dibujar todo su origen y trayectoria. Quiere hacernos entender por qué esa conversación es importante. Y sin duda lo consigue.

El autor es un personaje más en la obra, en la línea de Spiegelman o Joe Sacco. Hace el papel de narrador y observador, y sólo se permite salir del periodismo gráfico en momentos contados. Destaca el momento en que aborda el atentado contra Madina: un chaval de 26 años que jugaba al voley y era favorable al acercamiento de presos. “¿Qué sentido tiene?” – se pregunta Zapico. No se puede buscar la lógica a algo que carece de ella, y hacerlo abre la puerta al odio, el rencor y la muerte. 

Una narración inteligente para un tema complicado

El estilo es muy suelto, seguramente cercano a los bocetos que Zapico pintaba en la cocina de Fermín. Esto junto a una página diáfana, sin viñetas, crea una lectura ligera que sin duda sorprende, dada la densidad de información que el lector percibe. Pero ahí está la genial narrativa de Zapico, al que le bastan unas pinceladas para llenar nuestra mente de contradicciones, dilemas y casualidades que lo cambiaron todo.

Ese es quizá el relato único del pueblo vasco: el de las contradicciones, los dilemas y las miserias en ambos bandos. Un pasado que es necesario recordar, sin que empañe el futuro de las nuevas generaciones que crecen ya fuera de la violencia. Un futuro en el que surgen cada día más puentes, como el que representan Madina y Muguruza, comiendo juntos en en el irunés barrio de Moscú.