Kintsukuroi_kintsugi
© Rachel Sussman -Sidewalk Kintsukuroi

El Kintsugi, la costumbre japonesa de embellecer con oro lo que se ha roto, nos enseña la belleza de las cicatrices  

El arte Kintsugi, carpintería de oro, o Kintsukuroi, reparación de oro, es una tradición de la cultura japonesa que se remonta al siglo XV. Consiste en reparar piezas de cerámica que se han roto, uniendo los trozos con una resina con polvo de oro. También se pueden utilizar otros metales como el bronce o la plata. El resultado es una nueva pieza en la que las grietas destacan y aportan belleza.

Taza arreglada con la técnica Kintsugi

Desde una visión occidental, esta costumbre puede resultar extraña. En general nos han enseñado que cuando algo se rompe se debe tirar. Por el contrario, la cultura japonesa está marcada por los desastres naturales como terremotos, maremotos y erupciones, y han aprendido a vivir con la adversidad. La filosofía que esconde el kintsugi nos enseña que los sucesos que pueden parecer negativos se pueden convertir en oportunidades de crecimiento.

El kintsugi aporta una revalorización de las heridas, del proceso propio de la sanación y de las cicatrices. Los objetos tratados se convierten en otros elementos, con incluso más valor que antes de romperse. También, se puede hacer una lectura ecológica sobre la reutilización y el reciclaje, necesario con el actual consumo masivo.

El Kintsugi en el arte contemporáneo

Este arte particular ha tenido su influencia en artistas contemporáneos. Fascinados por los valores que encierra su práctica, han buscado nuevas formas de mirar y de interpretarlo.

La artista Charlotte Bailey utiliza el bordado, envuelve las piezas rotas con tela y luego las une con hilo de oro, sus creaciones mantienen la belleza del kintsugi tradicional. Desde otro punto de vista, el diseñador Lorenzo Nanni, interesado por transmitir la belleza de lo feo, tiene diseños con heridas abiertas de gran realismo a base de tejidos, bordados, perlas o encajes.

Otros artistas que han utilizado el kintsugi son Rachel Sussman en su proyecto Sidewalk Kintsukuroi, en el que interviene calles, aceras y paredes rotas de Nueva York. O Yoko Ono en sus proyecto  Mended Cups o tazas remendadas para Illy Art Collection, formado por 6 tazas tratadas con la técnica del kintsugi con fechas y lugares de sucesos violentos, como el Guernica -26 de abril de 1937. 

El Kintsugi y la resiliencia

La resiliencia se puede definir como la capacidad de las personas de resistir a los eventos traumáticos y salir fortalecidos. Todas las personas debemos hacer frente a las heridas, a la ruptura, ya sean físicos o emocionales. Estos sucesos dejan cicatrices en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Así, el kintsugi es una hermosa metáfora de aceptación de nuestras marcas e historias de vida.

Algunos ejemplos de cómo las personas se fortalecen a partir de la herida son los tatuajes, muchos de ellos tratan de cerrar heridas emocionales o incluso embellecer heridas físicas. La artista Hélène Gugenheim en su proyecto Mes cicatrices, Je suis entièrment tissé (Mis cicatrices, que tengo tejidas para siempre) utiliza pan de oro para cubrir las heridas de personas. Y lo documenta con vídeos y fotos. Después de un tiempo en el que el participante puede hacer lo que quiera – llorar, gritar, estar en silencio- retira el pan de oro y se lo entrega a la persona.

Hélène-Gugenheim-kintsugi
© Hélène-Gugenheim- Olivier, 15 de septiembre del 2015. Foto: Florent Mulot. Dorado: Louise Dumont

Estos ejemplos demuestran el poder del arte de ayudar en los procesos de sanación. Una forma de mejorar la aceptación y el compromiso con las heridas y su resignificación. Las cicatrices son nuestra corteza de árbol, aquella que nos identifica y protege, nos convierte en seres singulares y únicos.